El kilo
tal y
como lo conocías
ya no existe
Efectivamente; el pasado 16 de noviembre, el kilogramo tal y como todos lo nombramos ha muerto.
La Conferencia General de Pesos y Medidas (CGPM), formada por más de 60 países firmaba ese día su funeral, el cual está fijado para el próximo 20 de mayo de 2019. Y es que los expertos en metrología llevaban advirtiendo durante décadas que, el «Gran K» ha variado de masa y el IPK (prototipo del kilogramo internacional) ha perdido en un siglo alrededor de 50 microgramos, el peso de un copo de nieve. Esto es debido a que el cilindro se puede ensuciar con partículas del aire y pierde pequeñas cantidades de materia cuando se limpia. Y, por insignificante que parezca, con el actual desarrollo de la ciencia -con las teorías cuánticas a la cabeza- y la tecnología -como el Big Data o la nanomedicina-, esta pequeña diferencia puede suponer un gran problema.
«Aunque no habrá
casi consecuencias para los ciudadanos (estad tranquilos), resulta un tremendo
cambio para la comunidad científica (por ejemplo en la síntesis de nuevos fármacos, ya que estas variaciones son intolerables» La ciencia siempre está cambiando, buscando mayor precisión y perfección , y eso me anima a buscar siempre la perfección. Así por ejemplo tendremos herramientas mucho más precisas para superar los retos que nos
plantean las nuevas tecnologías, y avanzaremos mucho más rápido.
Y os preguntareis, ¿por qué este cambio?
Pues bien, si antes un kilo de naranjas o de polvorones medía igual que el cilindro de platino-iridio (guardado en París) , es decir su medición dependía de un objeto físico, y es que ese es el problema., porque un objeto, no es inmutable, sino que cambia. Por tanto a partir de ahora esa medición , y otras más se harán a partir de constantes universales. Esto se hace con fines preventivos, por ejemplo en 1983, ya se redefinió el metro (que antes era una barra de platino), siendo ahora medido con un valor universal: “la distancia que viaja la luz en
1/299.792.458 segundos”. Así cualquier laboratorio capaz de medir el
paso del tiempo con precisión puede calibrar su propia barra de
metro.
En lugar de la
velocidad de la luz, la cifra inmóvil elegida para definir la unidad
de masa es la
constante de Planck,
un valor que describe los paquetes de energía emitidos en forma de
radiación. La aprobación de esta definición del kilogramo ha
tardado años en llegar porque hasta hace poco no existían los
medios tecnológicos para llevarla a la práctica. Ahora, gracias a
un aparato llamado la balanza de Watt (a veces balanza de Kibble o
balanza de potencia), se pueden calibrar patrones del kilo conocido
el valor de la constante de Planck.. Esta balanza se parece a una de platillos, con la única diferencia que en vez de equilibrarse con otra masa, lo hace con una potencia electromagnética. La potencia se calcula a partir del valor de la
corriente eléctrica aplicada para generarla y del valor de la
constante de Planck, ambos conocidos. Cuando alcanza un equilibrio
con el platillo del peso, permite calibrar patrones de masa con el
menor margen de error logrado hasta la fecha (para un kilogramo, el
error es de unos 20 microgramos).
Además del kilo, en esta conferencia también se han redefinido el mol (según la constante de Avogadro), el kelvin (según la constante de Boltzmann), y el amperio (según la carga elemental); todas basándose en constantes universales invariables.
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